La Fuente es la misma para todos, pero cada uno vive según su sed le dicte. Jesucristo bajó a la tierra con el fin de aunar pensamientos y sentimientos en una sola dirección, y ese rumbo conducía a su Padre, y Padre, Fuente o creador de todos los Universos. Jesucristo sabía quién era y hasta donde iba a llegar, pero su mente humana hizo posible que viviera realidad del momento aun albergando el conocimiento pleno. Habló, dijo, ungió, meditó, soñó, lloró en soledad y sobre todo, amó con la fuerza de su sublime sentimiento. Fue desoído, fue vapuleado, torturado, incluso tachado de hechicero. Él lo sabía ya cuando los destinos le participaron su viaje a la vida terrena. Pero su mente humana, acondicionada a su presente, hizo posible que los pasos de su escalera fueran uno a uno, aunque conociera el avanzar por su destino, dentro de su Conocimiento. Tuvo en su vida, discordias y pareceros adversos a unos y otros, pero su corazón, su Alma, todos...